ABUSO Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

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ABUSO Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

"La psicóloga María Angélica Vega Aroca reflexiona sobre cómo las experiencias de la infancia, especialmente aquellas marcadas por el abuso, la falta de escucha y el maltrato, influyen directamente en la manera en que las personas enfrentan los conflictos durante la adultez."

Categoría
Reflexión
Abuso y Resolución de Conflictos
 
Aunque sea difícil de creer, la forma en cómo se resuelvan los problemas en nuestro núcleo familiar en la infancia, determinará la forma en cómo enfrentemos los problemas al llegar a la adultez, sino sanamos a tiempo.
 
Lo que leerás a continuación, para algunos, sonará ilógico e irracional, pero para otros, aunque triste, bastante familiar. Si un niño por tropezar y caer al ir caminando por la calle, recibe un golpe o un insulto que denigre su autoestima, por parte del cuidador, de adulto, si es seguro y desarrolla competencias intelectuales, será una persona que cuando alguien cometa un error en el trabajo, en lugar de orientarlo y apoyarlo, lo insultará y tratará mal; pero si la persona es insegura y con dificultades para el aprendizaje, cada vez que se equivoque, en lugar de pedir ayuda, se sentirá insuficiente.
 
Si en la infancia no fuimos escuchados y por hablar nos castigaron, al crecer, en lugar de hablar y dialogar, siempre gritaremos y nos enfadaremos, porque en la mente, aún nos seguimos sintiendo ignorados y maltratados. Si fuimos víctimas de abuso sexual por parte de un familiar, y en lugar de ser protegidos y recibir atención psicológica, recibimos el rechazo de nuestra familia, o peor aún, maltrato físico y/o psicológico por parte del propio  abusador, la madurez emocional quedará bloqueada, congelada; una persona víctima de cualquier tipo de abuso, buscará siempre el apoyo y la protección que su familia le negó, y cada vez que viva una situación amenazante, en lugar de enfrentarla, saldrá corriendo, toda vez que en su mente sigue creyendo que es culpable, que es débil, que los demás tienen el derecho para abusar de ella, y así como en la infancia, sigue callando, soportando y huyendo.
 
Si durante la infancia, la persona no logra decirle “basta, no más “ a su propio padre, madre o hermanos, si a través de la manipulación afectiva se logra convencer al menor de soportar el abuso, ¿con qué herramientas logrará soportar los problemas, conflictos y crisis que lleguen con la adultez?
 
Una persona víctima de abuso, es propensa a recibir más humillaciones, burlas y rechazo en el ámbito escolar y laboral, ya que no es igual, no encaja, su sistema familiar no es el mismo, no tiene ése escudo protector llamado familia, que hace que las personas pisen con fuerza, se expresen con seguridad, y pidan perdón en lugar de permiso.
 
Si en la infancia no se recibe atención y respeto, durante la adultez se resolverá cada conflicto a través de la lucha o el escape, según como lo haya experimentado en la infancia. El desarrollo humano durante la niñez, implica muchas dosis de paciencia y afecto, y cuando los padres o cuidadores se irritan, son agresivos o impacientes, se crea un adulto explosivo lleno de ansiedad, que ante cualquier obstáculo, en lugar de actuar desde el compromiso, se sentirá atacado, y cada circunstancia que enfrente en la vida, será vista como una amenaza, en lugar de verla como una oportunidad para avanzar.
 
Algunas empresas no invierten en la salud mental de sus empleados, desconociendo la relación tan estrecha entre las emociones y las competencias orientadas a la productividad y competitividad. Si sanamos nuestro niño interior, tendremos colaboradores más pacientes a la hora de escuchar un cliente, líderes más asertivos al retroalimentar el personal, y un clima laboral más participativo, toda vez que se relacionarían a través de la confianza, y no desde el miedo.
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