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"Es necesario sanar lo vivido, perdonar a los personajes que nos acompañaron en dichas historias, y comenzar a vivir un nuevo capítulo en nuestras vidas."

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Reflexión
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No es lo mismo que los padres despierten a sus hijos para ir al colegio con un golpe en la puerta, a que lo hagan con un beso y unos buenos días; un golpe y nada más, un golpe que no espera respuesta y sin palabras que lo acompañen. No es lo mismo sentarse a la mesa y desayunar con la familia, que estar solo y partir para el colegio sin haber desayunado. Cuando llega la hora de ir al colegio, no es lo mismo que los padres le deseen un bonito día a sus hijos y se despidan de ellos, a sentir la casa vacía y no encontrar de quien despedirse, ni siquiera a la persona que dio el golpe en la puerta. Cuando los niños llegan del colegio, no es lo mismo que sus padres les pregunten cómo les fue y se involucren en su ámbito escolar, a no compartir con ellos nunca. Cuando llega la noche, no es lo mismo compartir un rato en familia antes de ir a la cama, a no tener con quien conversar, con quien compartir una cena, o a quien decirle hasta mañana.
 
Los padres amorosos, presentes y conscientes, tuvieron la oportunidad de vivir una infancia sana, o, de sanar sus heridas y reinventarse. Los padres pasivo agresivos, ausentes e inconscientes, no han tenido la oportunidad de sanar sus heridas, y siguen viviendo cada uno de sus días desde el dolor, sin poder disfrutar de todo lo que tienen y de  las personas maravillosas que los rodean.
 
El abandono y todas las heridas generadas durante la infancia, llevan con el transcurrir de los años, a que muchos adultos no le encuentren sentido y propósito a sus vidas, ya que su infancia no la disfrutaron, no se la gozaron, no la vivieron desde la plenitud, la alegría y el amor. Es por ello, que se hace necesario sanar lo vivido, perdonar a los personajes que nos acompañaron en dichas historias, y comenzar a vivir un nuevo capítulo en nuestras vidas.
 
Durante la infancia, muchos nos prometimos hacer un montón de cosas al llegar a la adultez, pero al llegar a ella, vemos que repetimos los mismos patrones que tanto criticamos, siendo víctimas de la costumbre y traicionando con ello, nuestros deseos y nuestra niño interior. Pero, ¿cómo disfrutar la adultez, con una infancia perdida?
 
Siempre he pensado que las personas entre más tenemos, más queremos, el problema es que cuando no se tiene la capacidad para aguantar el voltaje de aquello que se quiere, terminamos haciendo corto circuito. Por lo general, aunque no es regla, las personas con más heridas (no sanadas) durante la infancia, son aquellas que más voltaje quieren, toda vez que necesitan sentir, sentirse, vivir lo que no vivieron, para después de muchos errores, fracasos, pérdidas y heridas, optar por una vida más sencilla, más tranquila, cambiando el deseo de hacer más, por la idea de vivir mejor.
 
No es necesario tener más de sesenta años para darnos un respiro y sanar, para descubrir nuestros propios gustos, deseos y encontrar la paz en nuestra propia piel, sin pedir perdón y sin pedir permiso, tan sólo agradeciendo la oportunidad de comenzar una vida que decides disfrutar y gozar, siendo amoroso, presente y consciente de ti y tus necesidades. No es lo mismo vivir tu vida desde tus propios deseos y anhelos, que desde el rencor, la rabia, el dolor, la culpa o el arrepentimiento, de personajes que aunque fueron parte de tu vida, seguramente estaban repitiendo el guion de una historia anterior.
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