LA MUJER DE ANTES

"Es triste ver que esta historia ha dejado huella en tantas mujeres que no se atreven a confiar en un hombre, llevándolas a guardar para sí mismas su vulnerabilidad, sensibilidad, dulzura, ternura y amor."

Categoría
Reflexión
La mujer de antes
 
Cada familia tiene su historia, y cada mujer sus  propias razones para ser como es, pero el día de hoy quiero reflexionar sobre una de las razones que ha llevado a que el rol de la mujer dentro de la familia y en la sociedad, haya cambiado tanto con el transcurrir del tiempo.
 
He escuchado muchas veces decir, que las mujeres han cambiado mucho; anteriormente dominaban el arte de la cocina no sólo por necesidad sino por gusto, y hoy día, no quieren cocinar. Antes eran más pacientes y respetuosas con el esposo, más hogareñas, serviciales y atentas frente a las necesidades del hogar, en cambio, hoy día ya no se ve la misma devoción hacía las labores de la casa y el mismo respeto y consideración hacia el hombre del hogar.
 
El problema surgió, cuando muchas de aquellas mujeres hogareñas recibieron a cambio de su inocencia, ingenuidad y obediencia, la traición, negligencia, abandono y maltrato de parte de los bien nombrados padres de familia. Cuando una niña ve a su madre ser sumisa frente al maltrato, respetuosa ante la humillación y resignada frente al desprecio, siente el deseo profundo en su corazón de cambiar la historia, y no repetir las mismas conductas de su madre, lo cual influye también en un cambio de creencias y valores con respeto al matrimonio y el rol de la mujer en el hogar.
 
Una niña que es testigo de la aceptación de su madre a la infidelidad, alcoholismo, maltrato y abandono vivido gracias a su padre, tiene más tendencia a asumir un rol  fuerte, masculino, independiente y autoritario, que denote que no permite ningún tipo de abuso, toda vez que con todo el que su madre recibió, ella tendrá para toda su vida.
 
Es triste ver que esta historia ha dejado huella en tantas mujeres que no se atreven a confiar en un hombre, llevándolas a guardar para sí mismas, su vulnerabilidad, sensibilidad, dulzura, ternura y amor. Es triste ver que muchas mujeres no se quieren esforzar en la cocina o en el hogar por un hombre, pensando en que se aprovecharán de ellas, que no valorarán su esfuerzo, y luego serán reemplazadas por una que sólo pide domicilios.
 
La naturaleza del hombre es de proveer y proteger, la de la mujer, es de recibir y crear, pero resulta complejo crear un hogar bonito, cuando lo que se recibe del hombre es maltrato y abandono. Un hombre que provee incertidumbre, desconfianza y aflicción, no está protegiendo, está rompiendo corazones, destrozando sueños, y marcando un antes y un después en el rol que la mujer decide tener en el mundo.
 
La mujer de hoy es más independiente, segura de sí misma, con deseos y motivaciones propias, en cambio, anteriormente muchas se conformaban con ver a sus hijos felices ignorando su sufrimiento. Hoy día prefieren disfrutar sus vidas, dándoles la oportunidad a sus hijos de ver la verdad, y tomar sus propias decisiones.
 
Si un hombre realmente desea mantener a una mujer: tranquila, segura, amada y feliz, se puede casar, de lo contrario, procuren evitar otra historia de dolor. En el caso de las mujeres, pienso que ya es tiempo de recuperar nuestra esencia femenina, creadora, sutil, noble y alegre, sanar el dolor, y mostrar nuestra vulnerabilidad sin miedo a la traición. Pero por favor, no callemos, porque lo malo se propaga gracias al silencio, al sembrar la idea de estar conformes con el maltrato, la inmoralidad y las malas costumbres; el precio de tener un hogar.
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