¿NECESITAS UN CONSEJO?

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¿NECESITAS UN CONSEJO?

“Dicen que el que escucha consejo, llega a viejo, pero no siempre, suele ser así.”

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Reflexión
Dicen que el que escucha consejo, llega a viejo, pero no siempre, suele ser así.
 
Cuando enfermamos, no siempre podemos acudir al amigo o familiar que conoce de remedios ancestrales para curarnos de cualquier mal, no, es necesario visitar al doctor especialista en la cuestión que nos aqueja; lo mismo ocurre cuando se presenta intolerancia a algún alimento, comenzamos a filtrar todo aquello que consumimos, dejando de  lado muchos productos, aunque sean recomendados por todo el mundo.
 
Con los consejos ocurre igual, así como existen personas intolerantes a la lactosa, algunos son intolerantes a confrontar a las personas, o a vestir de determinada forma. Pero, ¿cómo logra enviarnos una dieta un nutricionista, con la premisa de tener restricciones y necesidades alimenticias? ¡Conociéndonos! Cada cuerpo es diferente, por ende, no todos necesitan lo mismo; con los consejos es igual, cada persona es diferente y no todos disfrutamos o sentimos, de la misma forma.
 
Existen dos tipos de personas a las que se le suelen pedir consejos, la primera, son aquellas que vemos como ejemplo de vida, que han alcanzado la meta que queremos lograr; la segunda, son personas a las que les tenemos confianza, que aunque no hayan logrado ninguna meta en su vida, logramos ser nosotros mismos a la hora de hablar. Pero lo más importante, no es a quién se le pide un consejo, sino, quién lo pide.
 
Pensemos en el caso de una persona que come de todo, hasta que descubre que presenta alergia a algún alimento, a partir de ese día, no aceptará cualquier comida, sin antes asegurarse de que se encuentre exenta del mismo. Pero, ¿qué debió hacer para descubrir dicha alergia? Al presentar reacciones en el cuerpo, fue al médico, y una vez allí , el doctor examinó, palpó, esculcó e indagó, para así poder brindar un diagnóstico. Si tomamos como ejemplo este caso, comprenderíamos que con los consejos ocurre igual; en mi caso, soy alérgica a recibir consejos, ya que mi vida, y mi forma de sentir, no es la misma que la de los demás. Y no pido consejos porque sea una sabelotodo, no, anteriormente cuando lo hacía, me aventuraba a actuar y sufrí de intoxicaciones, decepciones y malas experiencias. Hoy día, prefiero aprender conociéndome y observando a los demás; considero que aprendo más a través de la experiencia y del ejemplo, que de un consejo puntual. Si vemos a una persona que se ejercita y come sano, no es necesario preguntarle qué hacer para adelgazar; lo mismo ocurre cuando vemos a una persona madrugadora y responsable, a la que no vale la pena preguntarle, cómo hacer para que el jefe no esté en contra suya. Ser más observadores, intuitivos y conscientes, es el mejor consejo que te puedo dar. Si nos ponemos a pensar, hasta el doctor nos pregunta qué sentimos después de consumir algún producto, qué síntomas presentamos,  ¿y por qué lo hace?, porque cada quién guarda en su interior, las respuestas a todo aquello que lo atormenta; somos el problema y la solución.
 
En ocasiones, frecuentamos un buen amigo para comentarle un problema, y en lugar de un consejo, recibimos su paciencia y respeto a la hora de escucharnos; a veces no necesitamos un consejo, necesitamos que alguien escuche sin juzgarnos, desahogarnos, sentir que nos entienden, para tomar fuerzas y seguir batallando en la vida. Por eso, el mejor consejero, no es quien te dice qué hacer, sino quien te permite ser, mientras desarrollas todo tu potencial.
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